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sábado, 25 de julio de 2015

Estamos en guerra


El otro día, mientras comía junto al mar, escuché a un anciano hablar de la guerra que le había tocado vivir. La idea de guerra se mezcló con el salitre del ambiente y a mi mente acudieron imágenes en blanco y negro. Chavales vestidos de soldado con trajes pasados de moda. Coches antiguos abandonados. París en llamas. Guernica destrozado. Y me di cuenta de que para mí la palabra "guerra" era vieja. Evocaba cosas antiguas...
Pero este momento terminó pronto ya que llegó el postre y parece que el olor a chocolate dulcificó al señor. Pasó a conversar de temas más ligeros y yo con él me deshice de la sensación de malestar. Terminé mi comida y me dirigí a casa. Como siempre, encendí mi ordenador y abrí las numerosas redes sociales que consumen mi tiempo últimamente. Y "pum"... ahí estaban:
















Estas fotografías me golpearon con todo su color. Con toda su actualidad. Y con toda su crudeza. Fotografías que contradicen abiertamente mi sensación con respecto a esa fea palabra de la que hablaba antes. Las miré y la guerra se volvió algo actual. La sensación de malestar se instaló de nuevo y me abofeteó la realidad: ella nunca ha pasado de moda. Los trajes pueden ser distintos. El color de piel de la gente que la sufre también. Pero eso qué más da. Ella sigue ahí. Nunca se ha ido y me duele pensar que nunca lo hará. Siempre habrá alguien poderoso que diga que el vecino es tu enemigo, que seguro que te quiere muerto y que mejor le vayas matando tú a él por si acaso.

No sé si a ti te dirán lo mismo estas imágenes. Pero a mí me remueven. Me ponen del revés. Hacen que me enfade. No, mejor, hacen que me hierva la sangre. Y a la vez me ponen profundamente triste. Triste por darme cuenta de que, como seres humanos, hemos avanzado poco o nada. Pero en concreto hay una cosa con la que no puedo: la indiferencia. La nuestra. Nosotros, los privilegiados a los que no nos ha tocado esta moda de matarnos porque sí. Nosotros, gente de bien, vivimos en nuestras civilizadas ciudades y nos compadecemos mucho. Discutimos. Discutimos de política, sobre la que poco sabemos. De fútbol. De los famosos de turno. Discutimos por hacer algo. Lloramos. Lloramos porque ella es más guapa o más delgada o alguna gilipollez por el estilo. Gilipollez que alguien, al que poco le interesaba nuestro bienestar, nos metió en la cabeza . Problemas del primer mundo. Asuntos que nos mantienen ocupados en nuestro día a día. Vivimos engañados pensando que estamos en paz. Que a nosotros eso de la guerra nos pilla lejos.

Y mientras tanto, ellos, los migrantes. Los que no han tenido tanta suerte. Ellos intentan saltar la valla. Prueban suerte cruzando el mar Mediterráneo, en una barcaza precaria. Recorren toda Europa a pie con tal de llegar. ¿De llegar a dónde? A donde sea. Todo con tal de huir. Todo puede ser mejor que lo que dejan atrás. Solo quieren vivir. ¿Quién puede echarles en cara eso? Imagina por un momento cómo tiene que ser tu vida para que la posibilidad de morir en mitad del mar, de quedar parapléjico al caer de la valla, de ser capturado y vendido por una mafia... para que todas esas posibilidades te parezcan aceptables. Ellos no dudarían en confirmar que la guerra es un tema de actualidad.

Pero nuestra indiferencia es brutal. Creemos que ignorando el problema este va a desaparecer. ¡Qué actitud más infantil! En vez de ayudarles, hacemos las fronteras más sólidas cada día que pasa. ¿Por qué actuamos así? Tenemos miedo. Sé que, en el fondo, es solo eso. Miedo a lo diferente. Yo conozco bien ese miedo porque un señor, desde su mansión, siempre se ha encargado de decirnos que ellos son gente de mal. Que lo único que quieren es hacernos daño, robar nuestro preciado dinero y apoderarse de nuestra tierra. Que lo mejor es ignorarlos y subir la altura de la valla. Y así ya se irán muriendo y nos quitamos el problema de encima. Yo conozco bien ese miedo porque lo he vivido, porque esa idea se me metió en la cabeza como a cualquiera de nosotros. Y así se crea el odio. Y en beneficio de unos pocos nos matamos muchos.

Pero ya me he cansado de escuchar a estos señores, porque sin querer un día miré a la cara a una persona que estaba trepando la valla. Miré a esa chica que llegaba en patera, mojada y asustada con su bebé en brazos. Miré y vi la felicidad de un chaval al pisar suelo español pensando que a partir de ese momento todo iría bien. Y entendí que son esos señores que te cuentan historias de miedo desde pequeño los que hacen la guerra y no esta gente que llega con lo puesto. Comprendí que yo ya había elegido mi bando. Porque no me quedaba otra. Yo me quedo con las personas, con la vida. Con dejar el mundo un poquito mejor de cómo te lo has encontrado. Quiero que "guerra" realmente se convierta en una palabra vieja, maltrecha y sin sentido.


Seguramente me llaméis ilusa, pero no me importa, ya no. Y sinceramente espero que alguno de vosotros, si es que no lo habéis hecho ya, os detengáis y miréis. Y por favor, contadme qué veis. 



La segunda imagen es de Anna Surinyach. Carezco de la información del resto de autores. En ningún caso son mías.

jueves, 13 de junio de 2013

El tiempo


"Que pase el tiempo, que nos marque, que nos encuentre siempre en movimiento."

 Rafael Mendoza

Creo que esta frase se merece una entrada para ella sola. Tal vez otro día me extienda y la desgrane. Hoy no, hoy la estoy disfrutando.

viernes, 7 de junio de 2013

Mensaje de un Guiri a los españoles (y también a los que no les gusta tanto esa palabra)

Esto es algo que me han pasado hace poco, pero que ya tiene su tiempo por lo que he visto. Es la opinión de un "guiri" sobre España, concretamente la de  Sphere Point y aquí os dejo su blog: http://spherepoint.wordpress.com  Obviando algún que otro tópico, que por otra parte creo que son inevitables, me ha gustado más de lo creía que haría en un principio. Ya no me enrollo más y os dejo con su opinión sobre nuestro país: 


"Os quiero decir algo desde el corazón, a pesar de todos los errores en femenino masculino y conjugaciones imposibles que puedo cometer.

España es maravillosa. Y no os merecéis esos chorizos que proclaman ser vuestros políticos. Que sí, España es maravillosa, ¡aceptarlo ya de una vez por todas! No tiene nada de raro decirlo, no te conviertes en franquista por estar orgulloso de este rincón del mundo. Ya sabéis, todo el mundo habla de ello; la clima, la gente, la comida, los paisajes, la historia, las tradiciones singulares, la música y la fiesta (y el fútbol, claro). Todo el mundo lo sabe. Pero es mucho, mucho más también.

Pero ¿y el paro? Me preguntáis. Pues sí, claro, ahora no estamos pasando un buen momento, pero por eso os escribo, España sigue siendo maravillosa, no olvidáis esto. Y sigue siendo vuestra tierra, no la de ningún político, ni banco, ni comisión europea. No olvidáis, es lo más trágico que puede pasar. Esa es vuestra casa, y lo que lo hace tan especial sois vosotros, la gente. La gente normal y cotidiana. Como decís por aquí, ¡sois la leche! – ¿la leche? ¿Qué pasa con la leche? ¿Por qué tanta leche en las frases populares españolas? Jamás una mente guiri puede entenderlo; Eres la leche, mala leche, me cago en la leche (y qué imagen sorprendente deja en mi cabeza esa última). ¡Qué obsesión con la leche! Pero esto es precisamente lo que hace que este país es tan especial (y por favor olvidamos ya lo de ‘spain is different’).

¡Qué cosas!
- Churros con chocolate para desayunar.
- La figura flamenca encima de la tele (antes del plasma).
- San pancracio con una peseta en el dedo.
- La misma palabra para decir la hora o si hace sol; el tiempo.
- Señoras que llevan bolsas en la cabeza cuando llueve y grupos de Feibú sobre ellas.
- Estar divididos sobre absolutamente todo, pero unánimemente unidos sobre el hecho que el jamón es lo mejor que hay en la vida (y en el mundo por supuesto).
- Pensar que solamente los de Salamanca (u otro lugar parecido) hablan el español ‘bien’.
- Llamar la lengua ‘español’ cuando hay tantos otros idiomas en España.
- Doblar todas las películas y series al castellano (por favor, no lo hagáis más, es horroroso).
- Pensar que los españoles pronuncian el inglés muy mal (no es cierto, es sexy).
- Un dicho sobre un pulpo en un garaje, y otro sobre perdidos y ríos y no sé qué.
- Pensar que ‘tocando cojones’ es una frase perfectamente apta para expresar la idea de no hacer nada.
- Pensar que ‘tocando cojones’ también se puede utilizar para indicar un grado alto de molestia con algo o alguien y que esto no va a confundir a ningún guiri que quiere aprender el idioma.
- Pensar que España siempre está 50 años detrás del Norte de Europa (no es cierto), donde vive la gente realmente civilizada (tampoco es cierto).

Eso es solamente lo que me ocurre ahora mismo de las idiosincrasias de la gente de este país que me encanta. Y si lo pienso un poco más hay miles más. Algunos buenos, algunos graciosos, algunos raros, otros plenamente malos. Pero todas son las cosas que hace que este lugar (llámalo país, tierra, estado, rincón  o lo que quieras) es maravilloso. No olvidáis, que lo es. No recuerdo a nadie jamás diciendo: “me fui a España, y bueno, pues un lugar aburrido y poco simpático.” ¡Jamás! Pero sí he escuchado mil veces a la gente diciendo: “Vine aquí por vacaciones, y me enamoré. Ya han pasado diez años y todavía sigo aquí.”

Yo me quedo aquí. 
¿Y tú, qué? Por favor, 
No te marchas. 
No te rindes.
Seguir luchando.
Seguir protestando aunque haga falta mil manifestaciones y huelgas.
No te pierdes la ilusión.
No te pierdes la esperanza. 
Sigue adelante. 
Y no olvidas, que aquí tienes un lugar maravilloso, y que merece luchar por él, y hacer lo que haga falta.

Yo no me marcho. Me quedo para luchar, porque lo merece. Lo merece muchísimo. ¡Oye, que no me dejéis aquí solo, desgraciados! Luchamos juntos.
Pero por favor, parad de doblar las películas al castellano."

domingo, 19 de mayo de 2013

No busques trabajo


El siguiente es un artículo que escribió Risto Mejide para elPeriódico.com. "No busques trabajo" nos dice... ¿qué opináis?: 

"No busques trabajo. Así te lo digo. No gastes ni tu tiempo ni tu dinero, de verdad que no vale la pena. Tal como está el patio, con uno de cada dos jóvenes y casi uno de cada tres adultos en edad de dejar de trabajar, lo de buscar trabajo ya es una patraña, un cachondeo, una mentira y una estúpida forma de justificar la ineptitud de nuestros políticos, la bajada de pantalones eurocomunitaria y lo poco que les importas a los que realmente mandan, que por si aún no lo habías notado, son los que hablan en alemán.

No busques trabajo. Te lo digo en serio. Si tienes más de 30 años, has sido dado por perdido. Aunque te llames Diego Martínez Santos y seas el mejor físico de partículas de Europa. Da igual. Aquí eres un pringao demasiado caro de mantener. Dónde vas pidiendo nada. Si ahí afuera tengo a 20 mucho más jóvenes que no me pedirán más que una oportunidad, eufemismo de trabajar gratis. Anda, apártate que me tapas el sol.

Y si tienes menos de 30 años, tú sí puedes fardar de algo. Por fin la generación de tu país duplica al resto de la Unión Europea en algo, aunque ese algo sea la tasa de desempleo. Eh, pero no te preocupes, que como dijo el maestro, los récords están ahí para ser batidos. Tú sigue esperando que los políticos te echen un cable, pon a prueba tu paciencia mariana y vas a ver qué bien te va.

Por eso me atrevo a darte un consejo que no me has pedido: tengas la edad que tengas, no busques trabajo. Buscar no es ni de lejos el verbo adecuado. Porque lo único que te arriesgas es a no encontrar. Y a frustrarte. Y a desesperarte. Y a creerte que es por tu culpa. Y a volverte a hundir.

No utilices el verbo buscar.

Utiliza el verbo crear. Utiliza el verbo reinventar. Utiliza el verbo fabricar. Utiliza el verbo reciclar. Son más difíciles, sí, pero lo mismo ocurre con todo lo que se hace real. Que se complica.

Da igual que te vistas de autónomo, de empresario o de empleado. Por si aún no lo has notado, ha llegado el momento de las empresas de uno. Tú eres tu director general, tu presidente, tu director de marketing y tu recepcionista. La única empresa de la que no te podrán despedir jamás. Y tu departamento de I+D (eso que tienes sobre los hombros) hace tiempo que tiene sobre la mesa el encargo más difícil de todos los tiempos desde que el hombre es hombre: diseñar tu propia vida.

Suena jodido. Porque lo es. Pero corrígeme si la alternativa te está pagando las facturas.

Trabajo no es un buen sustantivo tampoco. Porque es mentira que no exista. Trabajo hay. Lo que pasa es que ahora se reparte entre menos gente, que en muchos casos se ve obligada a hacer más de lo que humanamente puede. Lo llaman productividad. Otra patraña, tan manipulable como todos los índices. Pero en fin.

Mejor búscate entre tus habilidades. Mejor busca qué sabes hacer. Qué se te da bien. Todos tenemos alguna habilidad que nos hace especiales. Alguna singularidad. Alguna rareza. Lo difícil no es tenerla, lo difícil es encontrarla, identificarla a tiempo. Y entre esas rarezas, pregúntate cuáles podrían estar recompensadas. Si no es aquí, fuera. Si no es en tu sector, en cualquier otro. Por cierto, qué es un sector hoy en día.

No busques trabajo. Mejor busca un mercado. O dicho de otra forma, una necesidad insatisfecha en un grupo de gente dispuesta a gastar, sea en la moneda que sea. Aprende a hablar en su idioma. Y no me refiero sólo a la lengua vehicular, que también.

No busques trabajo. Mejor busca a un ingenuo, o primer cliente. Reduce sus miedos, ofrécele una prueba gratis, sin compromiso, y prométele que le devolverás el dinero si no queda satisfecho. Y por el camino, gánate su confianza, convéncele de que te necesita aunque él todavía no se haya dado cuenta. No pares hasta obtener un sí. Vendrá acompañado de algún pero, tú tranquilo que los peros siempre caducan y acaban cayéndose por el camino.

Y a continuación, déjate la piel por que quede encantado de haberte conocido. No escatimes esfuerzos, convierte su felicidad en tu obsesión. Hazle creer que eres imprescindible. En realidad nada ni nadie lo es, pero todos pagamos cada día por productos y servicios que nos han convencido de lo contrario.

Por último, no busques trabajo. Busca una vida de la que no quieras retirarte jamás. Y un día, día en el que nunca dejes de aprender. Intenta no venderte y estarás mucho más cerca de que alguien te compre de vez en cuando. Ah, y olvídate de la estabilidad, eso es cosa del siglo pasado. Intenta gastar menos de lo que tienes. Y sobre todo y ante todo, jamás te hipoteques, piensa que si alquilas no estarás tirando el dinero, sino comprando tu libertad.

Hasta aquí la mejor ayuda que se me ocurre, lo más útil que te puedo decir, te llames David Belzunce, Enzo Vizcaíno, Sislena Caparrosa o Julio Mejide. Ya, ya sé que tampoco te he solucionado nada. Aunque si esperabas soluciones y que encima esas soluciones viniesen de mí, tu problema es aún mayor de lo que me pensaba.

No busques trabajo. Sólo así, quizás, algún día, el trabajo te encuentre a ti."



martes, 19 de marzo de 2013

Motivación


Si realmente quieres algo, si tienes claro lo que deseas: VE A POR ELLO. 

Creo que realmente sobran las palabras.

jueves, 10 de enero de 2013

Date a girl who writes


Acabo de encontrar esto por tumblr. No es mío, pero casi me he visto en la obligación de compartirlo. Aquí os dejo el link del sitio en el que lo vi yo (pero sé que circula por muchos otros lugares): http://wolvespoetrybikes.tumblr.com


Date a girl who writes.


Date a girl who may never wear completely clean clothes, because of coffee stains and ink spills. She’ll have many problems with her closet space, and her laptop is never boring because there are so many words, so many worlds that she’s cluttered amidst the space. Tabs open filled with obscure and popular music. Interesting factoids about Catherine the Great, and the immortality of jellyfish. Laugh it off when she tells you that she forgot to clean her room, that her clothes are lost among the binders so it’ll take her longer to get ready, that her shoes hidden under the mountain of broken Bic pens and the refurbished laptop that she’s saved for ever since she was twelve.

Kiss her under the lamppost, when it’s raining. Tell her your definition of love.

Find a girl who writes. You’ll know that she has a sense of humor, a sense of empathy and kindness, and that she will dream up worlds, universes for you. She’s the one with the faintest of shadows underneath her eyelids, the one who smells of coffee and Coca-cola and jasmine green tea. You see that girl hunched over a notebook. That’s the writer. With her fingers occasionally smudged with charcoal, with ink that will travel onto your hands when you interlock your fingers with her’s. She will never stop, churning out adventures, of traitors and heroes. Darkness and light. Fear and love. That’s the writer. She can never resist filling a blank page with words, whatever the color of the page is.

She’s the girl reading while waiting for her coffee and tea. She’s the quiet girl with her music turned up loud (or impossibly quiet), separating the two of you by an ocean of crescendos and decrescendos as she’s thinking of the perfect words. If you take a peek at her cup, the tea or coffee’s already cold. She’s already forgotten it.

Use a pick-up line with her if she doesn’t look to busy.

If she raises her head, offer to buy her another cup of coffee. Or of tea. She’ll repay you with stories. If she closes her laptop, give her your critique of Tolstoy, and your best theories of Hannibal and the Crossing. Tell her your characters, your dreams, and ask if she gotten through her first novel.

It is hard to date a girl who writes. But be patient with her. Give her books for her birthday, pretty notebooks for Christmas and for anniversaries, moleskins and bookmarks and many, many books. Give her the gift of words, for writers are talkative people, and they are verbose in their thanks. Let her know that you’re behind her every step of the way, for the lines between fiction and reality are fluid.

She’ll give you a chance.

Don’t lie to her. She’ll understand the syntax behind your words. She’ll be disappointed by your lies, but a girl who writes will understand. She’ll understand that sometimes even the greatest heroes fail, and that happy endings take time, both in fiction and reality. She’s realistic. A girl who writes isn’t impatient; she will understand your flaws. She will cherish them, because a girl who writes will understand plot. She’ll understand that endings happen for better or for worst.

A girl who writes will not expect perfection from you. Her narratives are rich, her characters are multifaceted because of interesting flaws. She’ll understand that a good book does not have perfect characters; villains and tragic flaws are the salt of books. She’ll understand trouble, because it spices up her story. No author wants an invincible hero; the girl who writes will understand that you are only human.

Be her compatriot, be her darling, her love, her dream, her world.

If you find a girl who writes, keep her close. If you find her at two AM, typing furiously, the neon gaze of the light illuminating her furrowed forehead, place a blanket gently on her so that she does not catch a chill. Make her a pot of tea, and sit with her. You may lose her to her world for a few moments, but she will come back to you, brimming with treasure. You will believe in her every single time, the two of you illuminated only by the computer screen, but invincible in the darkness.

She is your Shahrazad. When you are afraid of the dark, she will guide you, her words turning into lanterns, turning into lights and stars and candles that will guide you through your darkest times. She’ll be the one to save you.

She’ll whisk you away on a hot air balloon, and you will be smitten with her. She’s mischievous, frisky, yet she’s quiet and when she has to kill off a lovely character, when she cries, hold her and tell her that it will be alright.

You will propose to her. Maybe on a boat in the ocean, maybe in a little cottage in the Appalachian Mountains. Maybe in New York City. Maybe Chicago. Baltimore. Maybe outside her publisher’s office. Because she’s radiant, wherever she goes. Maybe even outside of a cinema where the two of you kiss in the rain. She’ll say that it is overused and clichéd, but the glint in her eyes will tell you that she appreciates it all the same.

You will smile hard as she talks a mile a second, and your heart will skip a beat when she holds your hand and she will write stories of your lives together. She’ll hold you close and whisper secrets into your ears. She’s lovely, remember that. She’s self made and she’s brilliant. Her names for the children might be terrible, but you’ll be okay with that. A girl who writes will tell your children fantastical stories.

Because that is the best part about a girl who writes. She has imagination and she has courage, and it will be enough. She’ll save you in the oceans of her dreams, and she’ll be your catharsis and your 11:11. She’ll be your firebird and she’ll be your knight, and she’ll become your world, in the curve of her smile, in the hazel of her eye the half-dimple on her face, the words that are pouring out of her, a torrent, a wave, a crescendo - so many sensations that you will be left breathless by a girl who writes.

Maybe she’s not the best at grammar, but that is okay.

Date a girl who writes because you deserve it. She’s witty, she’s empathetic, enigmatic at times and she’s lovely. She’s got the most colorful life. She may be living in NYC or she may be living in a small cottage. Date a girl who writes because a girl who writes reads.

A girl who writes will understand reality. She’ll be infuriating at times, and maybe sometimes you will hate her. Sometimes she will hate you too. But a girl who writes understands human nature, and she will understand that you are weak. She will not leave on the Midnight Train the first moment that things go sour. She will understand that real life isn’t like a story, because while she works in stories, she lives in reality.

Date a girl who writes.

Because there is nothing better then a girl who writes.



sábado, 15 de diciembre de 2012

Falta de inspiración


Hace tiempo que no me pasaba por aquí. Mi excusa oficial supongo que son los exámenes pero no voy a negar el hecho de  que últimamente no escribo nada decente. Todo me queda soso… solo serviría para arrugar el papel y jugar a encestar en la basura. Y digo “serviría” porque ni eso, escribo a ordenador.  Así que ya veis, me he dedicado a hacer puntería en la papelera de reciclaje de mi escritorio.

Es una sensación frustrante. Espero dentro de poco volver a encontrar la inspiración y ese carácter algo revolucionario que me sale cuando me pongo encima del teclado. Se me ha debido perder entre los miles de apuntes que se acumulan en la estantería.