No sé por qué me inspiro a escribir algunos días. Quizás el porqué sea una canción, un poema, un simple sentimiento que te rompe por dentro, te recuerda al pasado. El pasado que poco a poco vas dejando atrás, que te hizo daño pero que ya no duele como antes. La vida, que te va enseñando a perdonar, a amar de nuevo y a seguir adelante, siempre adelante. Pero sin dejar de recordar cómo has llegado hasta aquí, de dónde vienes y cuáles son tus raíces. Sin dejar de recordar a cada persona que ha entrado en tu vida porque todas te han dejado algo, algunos más, otros menos, pero siempre algo.
Quizás son todas esas cosas las que me obligan a empezar a escribir aunque pocas veces sé sobre qué va a tratar mi texto antes de ponerme sobre el teclado. Puede que tenga una idea, algo que quiero sacar fuera, pero el caso es que cuando comienzo a teclear salen a la luz de mi pantalla cosas que no pensaba que me preocupasen en ese momento, pensamientos que creía olvidados, pierdo la noción del tiempo, pero es bueno, es bueno escribir. Es la magia de compartir pensamientos contigo mismo. Te das la oportunidad más adelante de saber cómo te sentías en ciertos momentos de tu vida, de mirar en retrospectiva, de averiguar qué hiciste para superar los momentos duros, ya que como leí hace poco en "El mundo amarillo" de Albert Espinosa (libro que recomiendo): "Esta vida es cíclica, todo vuelve y vuelve". Albert, en su descubrimiento número seis, recomienda escribir un diario, más que un diario él lo llama historial vital, ya que acorde con su experiencia los problemas que tuviste en el pasado volverán a repetirse, de cierta manera, en tu futuro y así cuando esto suceda podrás releer ese historial y descubrir cómo los superaste.
No sé si esto funcionará siempre, pero lo que sí sé es que a mí me ayuda a relajarme y a ver que con el tiempo todo se va calmando, al menos los viejos problemas se calman para dejar paso a los nuevos o... a los viejos renovados (haciendo un guiño al gran Albert Espinosa). Así que me permito el placer de coger mi taza de café, sentarme, desconectar y simplemente escribir.





